Con estas palabras quiero expresar mi descontento con el mundo desarrollado en el planeta Tierra, con el mundo y sobre todo con ciertos actos que se reproducen a mi alrededor. Algunos son y otros no de mi incumbencia, pero indirecta o directamente, los actos de esas personas se han ganado un hueco en mi diario invisible, aquel donde relato las historia de personas con menos cerebro que un mosquito o una sanguijuela (siento si estos animales se sienten ofendidos). Gracias por leer, pensar, meditar y sobre todo, por criticar constructivamente estas palabras.
Me parece increíble haber malgastado una cuarta parte de mi vida en cosas tan simples y absurdas como pasar el tiempo sin hacer nada ante este mismo ordenador. E, incluso, me siento absurda por haber tratado de cambiar durante años cosas de mí misma que sin ellas hoy en día no sería la persona que soy. Tener personalidad a veces pesa mucho, pero si no es malo, no intentes borrar algo de ti que te gusta, aunque el mundo entero esté en contra de ello. Mira que los seres humanos podemos llegar a ser insensatos, estúpidos y egoístas ante y sobre todo con nosotros mismos.
Es complicado
expresar cuando en tu mente se auto-aporrea por mil ideas a la vez. Y parece
que siempre las más brillantes se te escapan como estrellas fugaces. Quizás este sea el objetivo final de muchas existencias: tener estrellas en la cabeza. Y es que suena
hasta bonito.
Siempre he pensado que
vivo en un siglo que no me gusta. Un lugar en el que todo el mundo se mueve por
la prisa, una prisa que me genera estrés, y el estrés no me sienta bien. No me
gusta la gente que corre, no me gustan las personas que hablan demasiado rápido
y a veces, tampoco me gusta la gente que va muy despacio. Unos días porque dan
la sensación de saturación, otros porque ahogan, o quizás, solo soy yo la que
crea esa sensación el tiempo. Como ocurre en las películas.
En el fondo, los años
solo me dicen que odio muchas cosas porque me recuerdan a mí misma. Nadie sabe
lidiar consigo mismo, aunque el intento no sea en vano día tras día.
A lo que iba, que me
voy por las ramas, ¿por qué tengo que sentirme mal de ser infantil, fugaz, dura
o un pelín pasional? A mí me gusta. Es más, me gusta mucho. Igual que me
encanta lamer el plato tras comerme algo que me ha gustado muchísimo. Mentira.
No, no me gusta así. Me gusta tanto como cuando estás cabreada y lo único que
te viene a la mente es una escena en la que tú mismo corres por una calle que
has transitado miles de veces y a tu paso todo se destruye, el viento te quema
la cara y no sientes nada más allá de esa sensación de gloria, como si fueras
el único superviviente en un apocalipsis zombie. Y aunque suene absurdo, es la
misma sensación que sientes en el instante justo que esa persona te toca por
primera vez. Aunque sea sutil. Ese maldito y dichoso cosquilleo que remueve
todas y cada una de tus células. Sí, esto también va por esa persona por la que
llevo unos meses hecha una puta mierda. Te agradezco que no hayas sabido ver
más allá de mi risa de loca psicópata. De verdad, me has hecho un favor
usándome y pasando de mí. Estoy muy resentida con el público masculino, pero
puedo afirmar que no todos los hombres son iguales. Gracias.
¡Por dios! Es tan
puñeteramente increíble. No entiendo como algo tan simple puede hacerse sentir
el dueño del mundo sin ni siquiera moverte un pelo y al otro instante, te hace
querer destruir toda la humanidad. Y es caótico. Porque lo es. Solo hay que
volver a leer el principio para darte cuenta de lo rápido que uno es capaz de
procesar miles de ideas y que aunque en su fondo todas pueden ser jodidamente
geniales… no lo son.
Otra cosa que me ha
parecido una pérdida de tiempo son las bebidas alcohólicas. Espero que mi pobre
hígado sepa perdonarme algún día por ello. No me sienta bien, ¿de acuerdo? Que
quede claro que las preguntas son retóricas hacia mí misma. Y puestos a decir
verdades, tampoco me sienta bien que las personas me hablen cuando les caigo
mal, cuando se sienten solos y abandonados por su círculo de amistades, cuando ya
no le interesa mi existencia, cuando simplemente se creen que me chupo el dedo,
o cuando sienten atracción hacia mi hombro derecho, cuando desde un maldito y
dichoso principio solo han buscado obtener algo de mí, porque es triste. Sois
unos malditos tristes.
Y si en muchos
momentos he sido tan “cobarde” de no tener la capacidad comunicativa de decir
que la sola presencia de algunos de ustedes me hace aborrecer mi existencia por
haber malgastado unos minutos de mi vida con ustedes… es por vergüenza ajena.
Pero hay días en los
que tienes que decidir que hay cosas que no pueden seguir igual. Porque con el
tiempo las huellas en la piel se notan, como las quemaduras del Sol. No diré que
se acabó, porque la vida está llena de pisadas, pero hay inviernos que son
capaces de esconder grandes secretos, y… yo me siento orgullosa de saber
encontrar mis primaveras cuando me apetece.
Escribo y hablo mucho,
bien lo sé, este es un ejemplo más. Pero pocos son los valientes que sobreviven
para ver el festín de las fieras. Y todos nos creemos superiores a otras personas
por hechos tan simples como que no nos gusta su nariz, que oír su voz nos irrita
o, tal vez, que esperábamos que esa chica que conocimos una noche de fiesta
fuera algo más que los restos de otro homo sapiens iluminados por un halo de
misterio, porque buscamos lo “auténtico” sin saber diferenciar los pequeños
detalles que nos hacen a todos únicos en este planeta. Y oye, esa chica era
auténtica. Te juro que lo era, pero hay caminos que los abandonamos porque es
más fácil seguir lo que está de moda, vamos, lo simple. Porque es mejor tener un dolor de cabeza por haber
bebido hasta las tantas que levantarte temprano e ir a aquel sitio que te llamó
tanto la atención. Damos asco.
Las modas son modas,
amigos. Pasan. Cambian. Aburren y vuelven. Y yo, estoy cansada de ser el grano
de arroz que se mueve con el resto del saco. Nunca he sido así. Llámame rara,
especial, diferente, ilusa del antaño, quizás tonta o divertida, un poco alocada,
y hasta algo masoquista. Como quieras. Me importa un carajo lo que opine el resto
del universo, porque la filosofía que me sigue desde hace un tiempo es que creo
en que una de las finalidades de esta vida como ser humano, si es que la
reencarnación existe… es hacer lo que quieras mientras a ti te importe. Como
esto, que a nadie le importa que lo escriba, pero a mí con desahogarme, me es
reconstituyente.
La vida es ajedrez. Está
hecha para llevarle la contraria hasta que ella decida la jugada final. Tú
eliges las piezas, negras o blancas. Tú eliges los movimientos. Pero para ganar,
también tienes que saber perder.
Jaque mate.
